Hay costumbres que se propagan solas, sin que nadie las anuncie. Esta tiene que ver con la gelatina y con la media hora final del día. No es una dieta ni un tratamiento: es un gesto corriente que bastante gente ha ido colocando justo antes de acostarse, igual que otros se preparan una infusión o dejan el móvil cargando en la habitación de al lado.
En lo que se comenta pesa más el cómo que el qué. Que se resuelve en un minuto. Que no obliga a mover la hora de la cena ni los horarios de nadie. Y que sirve para cerrar el día con cierto orden. Cada casa lo acomoda a su manera: unos lo dejan hecho por la tarde y otros lo preparan sobre la marcha.
La explicación completa está recogida en un vídeo gratuito: qué hace falta, cómo se prepara paso a paso y en qué punto de la noche encaja mejor. Dura unos minutos y se sigue de una sentada.